domingo, 30 de agosto de 2009


Escritura cuneiforme:

La escritura cuneiforme está aceptada comúnmente como la forma más temprana conocida de expresión escrita de la que se han encontrado restos arqueológicos (aunque el equipo de Günther Dreyer, del Instituto de Arqueología Alemán halló en 1997, en Umm el-Qaab, Abidos, un conjunto de 300 vasijas y tablillas de arcilla datadas mediante carbono-14 de 3300 a 3200 a. C. Posiblemente, los más antiguos documentos de escritura conocidos). Creada por los sumerios a finales del cuarto milenio a. C. Esta escritura surgió como un sistema de pictogramas. Con el tiempo, las representaciones pictóricas se simplificaron y se hicieron más abstractas, dando lugar a lo que se conoce como escritura cuneiforme.

El alfabeto sumerio fue adaptado para la escritura de las lenguas acadia, elamita, hitita y luvita e inspiró a los alfabetos del antiguo persa y el ugarítico.
Desarrollo:

Los primeros pictogramas fueron grabados sobre tablillas de arcilla en columnas verticales, con un punzón o estilo afilado, fabricado a partir de un cáñamo. Después dos desarrollos hicieron el proceso más rápido y fácil: la gente comenzó a escribir de izquierda a derecha en filas horizontales (rotando en sentido levógiro 90º a todos los pictogramas en el proceso) y un nuevo estilo de punta de cuña que fue usado introduciéndolo en la arcilla, dando lugar a caracteres en forma de cuña (cuneiformes). Mediante el ajuste de la posición relativa de la tabla frente al estilo, el escriba podía usar una única herramienta para una amplia variedad de signos.

Estas tablas podían ser cocidas en kilns para dar lugar a un registro permanente, o podían ser recicladas si no era necesario que perduraran. Muchas de las tablas encontradas por los arqueólogos se conservan porque fueron cocidas accidentalmente en el momento en que ejércitos atacantes prendían fuego al edificio en el que se guardaban.

Creado por los sumerios para registrar la lengua sumeria, la escritura cuneiforme fue posteriormente adoptada por los acadios, babilonios, elamitas, hititas y asirios para escribir sus propias lenguas. Fue ampliamente usado en Mesopotamia durante 3000 años, pese a que la naturaleza silábica del alfabeto, al ser refinado por los sumerios, resultaba poco intuitiva a los hablantes de lenguas semíticas. Este hecho, antes de que la civilización Sumeria fuera redescubierta, llevo a muchos filólogos a sospechar de una civilización que precediera a Babilonia.

La mayoría de las adaptaciones posteriores de la escritura cuneiforme preservaron al menos ciertos aspectos del alfabeto sumerio. El acadio escrito incluía tanto símbolos fonéticos del silabario sumerio, como logogramas que eran leídos como palabras completas. Muchos signos en el alfabeto eran polivalentes, teniendo un significado a la vez fonético y logográfico. Cuando el alfabeto cuneiforme se adaptó para escribir la lengua hitita, una nueva capa de pronunciaciones logográficas acadias fue añadida al alfabeto, con el resultado de que ya no se conoce la pronunciación de muchas palabras hititas convencionalmente escritas con logogramas. La complejidad del sistema tiene cierta semejanza con el japonés clásico, escrito con un sistema derivado del chino; algunos de estos sinogramas fueron usados como logogramas, otros como caracteres fonéticos. El japonés contemporáneo distingue gráficamente los logogramas (kanji) de los caracteres silábicos (kana) pero aparte de eso es un sistema similar.

Esta complejidad dio lugar a varias versiones simplificadas del sistema de escritura. El persa antiguo era escrito en un subconjunto de caracteres cuneiformes simplificados, que formaban un simple alfabeto semi-silábico, utilizando bastantes menos trazos en forma de cuña que los que usaba el asirio, junto con unos cuantos logogramas para palabras que aparecían con frecuencia como "dios" o "rey". La lengua ugarítica se escribía usando el alfabeto ugarítico, un alfabeto estándar de estilo semítico (un abjad) que se escribía utilizando el método cuneiforme.

El uso del arameo llegó a ser de gran difusión durante el imperio asirio, reemplazando gradualmente al cuneiforme. La última inscripción cuneiforme conocida, un texto astronómico, data del año 75 a. C.
Descifrado:

El conocimiento de la escritura cuneiforme estaba perdido hasta que en 1835 Henry Rawlinson, un oficial de la armada británica, la encontró en la Inscripción de Behistún, en un acantilado en Behistún en Persia. Talladas durante el reinado del rey Darío I de Persia (522 a. C. - 486 a. C., consistían en textos idénticos en los tres lenguajes oficiales del imperio: el persa antiguo, babilonio, y elamita. La inscripción de Bisitún fue al descrifrado de la escritura cuneiforme lo que la piedra de Rosetta fue para el descifrado de los jeroglíficos egipcios.

Rawlinson dedujo correctamente que el persa antiguo era un alfabeto silábico, y lo descifró correctamente. Trabajando de forma independiente, el asiriólogo irlandés Edward Hincks también contribuyo al descifrado. Después de traducir el persa, Rawlinson y Hincks comenzaron a traducir los otros. En gran medida fueron ayudados por el descubrimiento de la ciudad de Nínive por parte de Paul Émille Botta en 1842. Entre los tesoros descubiertos por Botta estaban los restos de la gran biblioteca de Asurbanipal, un archivo real conteniendo varios miles de tablas de arcilla cocidas con inscripciones cuneiformes sobre ellas.

Por 1851 Hincks y Rawlinson podían leer ya 200 signos babilonios. Pronto se les unieron otros dos criptólogos, un joven estudiante de origen alemán, llamado Julius Oppert, y el versátil orientalista británico William Henry Fox Talbot. En 1857 los cuatro hombres se conocieron en Londres y tomaron parte en el famoso experimento para comprobar la precisión de sus investigaciones.

Edwin Norris, el secretario de la Real Sociedad Asiática, les dio a cada uno de ellos una copia de una inscripción recientemente descubierta del reino del emperador asirio Tiglath-Pileser I. Un jurado de expertos fue convocado para examinar las traducciones resultantes y certificar su exactitud.

En todos los puntos esenciales, se vio que las traducciones resultantes de los cuatro expertos coincidían. Hubo por supuesto algunas pequeñas discrepancias. El inexperto Talbot había cometido unos cuantos errores, y la traducción de Oppert contenía unos cuantos pasajes dudosos debido a que el inglés no era su lengua materna. Pero las versiones de Hincks y Rawlinson era virtualmente idénticas. El jurado declaró que estaba satisfecho, y el descifrado de la escritura cuneiforme acadia paso a ser un hecho consumado.
Uso:

Los signos cuneiformes eran escritos por escribas mediante cuñas, sobre tablillas casi siempre de arcilla (muy escasamente grabados en metal), que luego se guardaban en una suerte de primitivas bibliotecas, escrupulosamente organizadas, que servían para el aprendizaje de futuros escribas. Estas bibliotecas pertenecían a la escuela de cada ciudad o, a veces, a colecciones particulares. Las tabillas estaban escritas en columnas (variantes en número), que indicaban:

* La serie y el número de la tablilla en esa serie, para su correcta catalogación.
* Texto.
* Colofón, que contiene a su vez la primera línea de la siguiente tablilla, el propietario de la tablilla, el año de reinado del soberano correspondiente, en ocasiones los títulos del mismo, la ciudad de la escuela y el nombre del escriba y raramente, el autor.

Evidentemente el uso no quedaba restringido a las tablillas; por ejemplo encontramos escritos en los ladrillos de la Babilonia del primer milenio el nombre de Nabucodonosor II.

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